domingo, 12 de enero de 2014

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Cartas Paulinas II Corintios


LA SEGUNDA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS CORINTIOS
INTRODUCCION
Parece que los motivos siguientes indujeron a Pablo a escribir esta Segunda Epístola a los Corintios: (1) Explicarles sus motivos por haber tardado en hacerles la visita prometida, en la cual él pensaba pasar por Corinto en viaje a Macedonia (1Co_4:19; cap. 1:15, 16; cf. 1Co_16:5); también para que pudiese explicarles su conducta apostólica en general (cap. 1:12, 24; 6:3-13; 7:2). (2) Para alabar la obediencia de ellos en cuanto a consejos dados en su Primera Epístola y al mismo tiempo recomendarles a que perdonaran al ofensor, puesto que había tenido castigo suficiente (cap. 2:1-11; 7:6-16). (3) Para insistir en que ellos recolectasen fondos para los santos pobres en Jerusalén (cap. 8:1 a cap. 9:15). (4) Para mantener su autoridad apostólica y reprender a los adversarios.
Los testimonios externos para su legitimidad son Ireneo, Herejías 3:7, 1; Atenágoras, De resurrectione mortuorum; Clemente de Alejandría, Strómata, 3. sec. 94; 4. sec. 101; Tertuliano, De pudicitia, cap. 13.
LA FECHA DE COMPOSICION de la carta fué después de Pentecostés, 57 d. de C., cuando Pablo salió de Efeso para Troas. Habiendo quedado en este lugar algún tiempo predicando el evangelio con resultados (cap. 2:12), siguió hasta Macedonia, pues estaba ansioso de encontrarse con Tito, decepcionado porque éste no había llegado a Troas según lo habían acordado. Habiendo oído por boca de Tito las noticias que tanto deseaba acerca del buen efecto producido en los corintios por su Primera Carta, y después de haber comprobado la liberalidad de las iglesias de Macedonia (cap. 8:1), escribió esta Segunda Epístola; entonces, un poco después, continuó su gira hasta Grecia, donde permaneció tres meses; y luego, viajando por tierra, llegó a Filipos para la Pascua del año 58. (Act_20:1-6). De modo que esta Epístola habrá sido escrita en el otoño del año 57.
Macedonia fué EL LUGAR desde donde fué escrita (cap. 9:2, donde el tiempo presente "me glorío", o "me estoy gloriando", da a entender su presencia entonces en Macedonia). En Asia (el Asia Lidia) su vida había peligrado (cap. 1:8, 9), sea la referencia, según Paley, al alboroto en Efeso (Act_19:23-41), o, como cree Alford, a alguna enfermedad peligrosa en la cual él desesperaba de su vida. Desde allí pasó por Troas a Filipos, la primera ciudad que hallaría al entrar en Macedonia. La importancia de la iglesia filipense le haría quedarse allí algún tiempo, como también su deseo de recolectar contribuciones entre las iglesias macedonias para los hermanos pobres en Jerusalén. Su ansiedad de mente se relata (cap. 7:5) como manifestándose cuando vino a Macedonia y por lo tanto habría sido en Filipos, pues era la primera ciudad de Macedonia al venir desde Troas; y aquí, también, según cap. 7:6, cotejado con v. 5, habría sido el escenario donde recibió las noticias consoladoras de parte de Tito. "Macedonia" se usa por decir Filipos en 2Co_11:9, como se ve por una comparación con Phi_4:15-16. Probablemente se usa aquí (cap. 7:5) en igual manera. Alford arguye, basándose en el cap. 8:1 donde habla de la "gracia … dada a las iglesias de Macedonia" (en plural), que Pablo habría visitado otras iglesias en Macedonia, además de Filipos, cuando escribió; por ejemplo, Tesalónica, Berea, etc., y que Filipos, la primera ciudad de su gira, es menos probable que fuese el escenario de su carta que la última ciudad de su gira; sea cual fuere, tal vez haya sido Tesalónica. Pero como Filipos era la ciudad principal de la provincia, fué probablemente el lugar al cual fueron enviadas todas las contribuciones de las iglesias. La tradición antigua también (como aparece por la subscripción a esta Epístola), favorece la opinión de que era Filipos el lugar desde el cual fué enviada esta Epístola por mano de Tito, quien recibió, además, el encargo de activar la recaudación que él había empezado en su primera visita (cap. 8:6).
EL ESTILO es muy variado, pasando rápidamente de una fase de sentimiento a otra; ora alegre y consolatorio, ora severo y lleno de reprensión; alguna vez suave y cariñoso, otra vez censurando duramente a los contrarios y defendiendo su dignidad de apóstol. Esta variedad de estilo concuerda con el carácter cálido y sincero del apóstol, que en ninguna parte se manifiesta más hermosamente que en esta Epístola. Su debilidad corporal y la enfermedad crónica bajo la cual sufría y a la cual se refiere a menudo (cap. 4:7; 5:1-4; 12:7-9; cf. Nota, 1:8), habrían sido especialmente difíciles de soportar por persona de temperamento tan ardiente como el suyo. Pero además de esto, existía la ansiedad aún más apremiante del "cuidado de todas las iglesias". En Corinto, como en otras partes, los espías judaizantes querían atar ligaduras de letra y forma (cf. cap. 3:3-18) a la libertad y catolicidad de la Iglesia. Por otra parte, había librepensadores que defendían su inmoralidad de práctica mediante teorías heréticas (1Co_15:12, 1Co_15:32-36). Estas eran "las cuestiones de fuera" y "los temores de dentro" (cap. 7:5), los cuales agitaban la mente del apóstol hasta que llegó Tito trayendo noticias consoladoras desde Corinto. Aun entonces, mientras la mayoría en Corinto había profesado su arrepentimiento y, como lo había deseado Pablo, había excomulgado al hombre incestuoso, y contribuído para los cristianos pobres de Judea, había todavía una minoría que, más desdeñosamente que nunca, era contraria al apóstol. Estos le acusaban de motivos astutos y mercenarios, como si él tuviera una ganancia personal en vista de la colecta que se hacía; y esto, a pesar de su cuidado escrupuloso de ponerse por encima de toda posibilidad de sospecha razonable al hacer que otros se hiciesen cargo del dinero. Esta insinuación era palpablemente incompatible con la otra acusación, de que él no podría ser verdadero apóstol, puesto que no exigía sostenimiento por parte de las iglesias que fundaba. Otra acusación que levantaron contra él de debilidad cobarde, era que estaba siempre amenazando medidas severas sin atreverse a efectuarlas (cap. 10:8-16; 13:2); y de que era vacilante en su enseñanza y práctica, circuncidando a Timoteo mas rehusándosela a Tito; judío entre los judíos y griego entre los griegos. Que la mayoría de estos antagonistas pertenecían al partido judaizante de la iglesia se ve por el cap. 11:22. Parece que estaban encabezados por un emisario de Judea ("El que viene", cap. 11:4), que había traído "letras de recomendación" (cap. 3:1) de miembros de la iglesia de Jerusalén, y que se jactaba de la pureza de su ascendencia hebrea y de su íntima relación con Cristo mismo (cap. 11:13, 23). Los partidarios de aquel hombre contrastaban sus altas pretensiones con la humildad tímida de Pablo (1Co_2:3); y su elocuencia con el estilo llano y sin adorno del apóstol (cap. 11:6; 10:10, 13). Este estado de cosas en Corinto, informado por Tito, hizo que Pablo volviera a enviarlo allá en seguida con esta Segunda Epístola, la cual va dirigida no sólo a Corinto (1Co_1:2), sino a todas las iglesias de Acaya, las cuales hasta cierto grado habían sido afectadas por las mismas cosas que afectaban a la iglesia de Corinto. El tono muy diferente que se registra en distintas partes de la Epístola se debe a la diversidad que existía en Corinto entre la mayoría penitente y la minoría obstinada. A aquéllos se dirige con el cariño más cálido; a éstos, con amenazas y advertencias. Dos diputados, elegidos por las iglesias para hacerse cargo de la contribución a recaudarse en Corinto, acompañaban a Tito (cap. 8:18, 19, 22).



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Cartas Paulinas Galatas


LA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS GALATAS
INTRODUCCION
Es concluyente la evidencia interna y externa de que Pablo es el autor de esta Epístola. El estilo es característicamente paulino. El sobrescrito y las alusiones al apóstol de los gentiles en la primera persona, al través de la epístola, establecen la misma verdad (cap. 1:1, 13-24; 2:1-14). Su paternidad literaria es también sostenida por el testimonio unánime de la iglesia primitiva: véase Ireneo, adversus Hereses 3:7, 2 (Gal_3:19); Policarpo (Filipenses, cap. 3) cita Gal_4:26 y 6:7; Justino Mártir, o quienquiera que haya escrito la Oratio ad Grecos, hace alusión a Gal_4:12 y 5:20.
La Epístola fué dirigida a "LAS IGLESIAS DE GALACIA" (cap. 1:2), distrito de Asia Menor que lindaba con Frigia, Ponto, Bitinia, Capadocia y Paflagonia. Los habitantes (galogrecos, contraído a gálatas, otra forma del nombre celtas) eran galos de origen provenientes de la región de Francia, quienes habían invadido el Asia Menor después de haber saqueado a Delfos, cerca del año 280 a. de C., y por fin se habían establecido en las partes céntricas, por ello llamadas Galogrecia o Galacia. Su carácter, como aparece en esta epístola, está en completa consonancia con el que atribuyen a la raza gálica todos los escritores. Julio César, Bella Galla, 4:5, "La debilidad de los galos consiste en que son inconstantes en sus resoluciones, amantes del cambio, y no puede confiarse en ellos". Así opina también Thierry [citado por Alford], quien los describe como "francos, impetuosos, impresionables, eminentemente inteligentes; pero al mismo tiempo extremadamente cambiables, inconstantes, amigos de la apariencia, perpetuamente rencillosos, fruto de la excesiva vanidad". Ellos recibieron a Pablo al principio con todo gozo y amabilidad, pero pronto vacilaron en su lealtad al evangelio y a él, y atendían tan ávidamente ahora a los maestros judaizantes como antes a él (cap. 4:14-16). El apóstol mismo había sido el primer predicador del evangelio entre ellos (Act_16:6; Gal_1:8; Gal_4:13 [Véase Nota sobre este versículo: "por enfermedad de la carne yo os prediqué al principio": dando a entender que la enfermedad le detuvo entre ellos], cap. 4:19); y probablemente entonces había fundado iglesias, las cuales en su visita subsecuente él "fortaleció" en la fe (Act_18:23). Su primera visita fué alrededor del año 51 d. de C., durante su segundo viaje misionero. Josefo, Antiguedades, 16:62, testifica que muchos judíos residían en Ancira de Galacia. Entre éstos y los hermanos de ellos, sin duda, como en cualquier otra parte, él comenzó su predicación. Y aunque subsiguientemente la mayoría en las iglesias eran gentiles (cap. 4:8, 9), sin embargo, éstos pronto se dejaron influir por maestros judaizantes, y casi fueron persuadidos a someterse a la circuncisión (cap. 1:6; 3:1, 3; 5:2, 3; 6:12, 13). Acostumbrados como lo habían estado los gálatas, cuando eran paganos, al culto místico de Cibeles (prevaleciente en las regiones vecinas de Frigia) y a las doctrinas teosofistas relacionadas con ese culto, pronto fueron llevados a creer que los plenos privilegios del cristianismo sólo podían ser alcanzados por medio de un detallado sistema de simbolismo ceremonial (cap. 4:9-11; 5:7-12). Ellos aun prestaron oídos a la insinuación de que Pablo mismo observaba la ley entre los judíos, aunque persuadía a los gentiles a renunciar a ella, y que su propósito era mantener a sus convertidos en un estado subordinado, excluídos de los plenos privilegios del cristianismo, los cuales eran disfrutados sólo por los circuncidados (cap. 5:11; 4:16, comp. cap. 2:17); y que al "hacerse todas las cosas a todos los hombres", era un adulador interesado (cap. 1:10) que se proponía formar un partido para sí mismo: más aún, que él falsamente se representaba a sí mismo como un apóstol divinamente comisionado por Cristo, cuando él no era nada más que un mensajero enviado por los Doce y la iglesia de Jerusalén, y que su enseñanza difería ahora de la de Pedro y Jacobo, "columnas" de la iglesia, y por lo tanto no debería ser aceptada.
Su PROPOSITO, entonces, al escribir esta epístola, fué (1) defender su autoridad apostólica (cap. 1:11-19; 2:1-14); (2) contrarrestar la mala influencia de los judaizantes entre los creyentes de Galacia (caps. 3 y 4), y mostrar que la doctrina de ellos destruía la esencia misma del cristianismo al rebajar su espiritualidad a un sistema ceremonial exterior; (3) exhortar para el fortalecimiento de los creyentes de Galacia, en la fe en Cristo y en los frutos del Espíritu (caps. 5 y 6). El ya había testificado cara a cara contra los maestros judaizantes (cap. 1:9; 4:16; Act_18:23); y ahora que él ha oído de la continua y creciente preponderancia del mal, escribe con su propia mano (cap. 6:11; una tarea que generalmente delegaba a un amanuense) esta epístola para enfatizar su oposición al mismo. El esbozo que da en ella de su carrera apostólica, confirma y ensancha la narración en Los Hechos, y muestra su independencia de humana autoridad por eminente que ésta fuese. Su protesta contra Pedro en el cap. 2:14-21, refuta la invención, no sólo de la supremacía papal, sino aun de la de aquel apóstol; y muestra que Pedro, salvo cuando era especialmente inspirado, era falible como los demás hombres.
Hay mucho en común entre esta epístola y la dirigida a los Romanos, con respecto al tema de la justificación solamente por la fe, y no por la ley. Pero la Epístola a los Romanos trata el tema de un modo didáctico y lógico, sin ninguna referencia especial; mientras que esta epístola lo trata de una manera controversial, y con referencia especial a los judaizantes en Galacia.
El ESTILO combina los dos extremos: la severidad (cap. 1; 3:1-5) y la ternura (cap. 4:19, 20), que son las características de un hombre de fuertes emociones, y ambas igualmente bien apropiadas para tratar a una gente tan impresionable como lo eran los gálatas. El comienzo es abrupto, como convenía a la urgencia de la cuestión y a la magnitud del peligro. Un tono de pesadumbre, también, es aparente, tal como debía esperarse en la carta de un maestro de corazón ardiente, quien acababa de enterarse de que aquellos a quienes él amaba, estaban abandonando sus enseñanzas para adoptar las de los pervertidores de la verdad, y estaban también prestando oídos a calumnias contra él mismo.


El TIEMPO de su redacción fué después de la visita a Jerusalén relatada en Los Act_15:1 y siguientes, es decir, en el año 50 d. de C., si esa visita es, como parece probable, la misma que se menciona en el cap. 2:1, etc. Además, como el cap. 1:9 ("como antes hemos dicho") y el cap. 4:16 ("¿Heme [Alford] pues hecho vuestro enemigo?" a saber, en mi segunda visita, aunque al visitaros por primera vez fuí bien recibido por vosotros) se refieren a su segunda visita (Act_18:23), esta epístola debe haber sido escrita después de la fecha de esa visita (otoño del año 54 d. de C.). El cap. 4:13: "Sabéis que … os anuncié el evangelio al principio" (griego, "en la primera vez"), da a entender que Pablo, al escribir esta carta, ya había estado dos veces en Galacia; y el cap. 1:6: "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó a la gracia de Cristo", da a entender que él escribió no mucho después de haber dejado Galacia por segunda vez; probablemente en la primera parte de su residencia en Efeso (Act_18:23; Act_19:1, etc., desde el otoño del 54 hasta la fecha de Pentecostés en el 57). [Alford]. Conybeare y Howson, por la semejanza entre esta epístola y la dirigida a los Romanos, y por la misma línea de argumentación en ambas, que ocupaba la mente del apóstol, piensan que no fué escrita hasta que estuvo en Corinto (Act_20:2-3), durante el invierno del 57 y 58, desde donde escribió su Epístola a los Romanos; y ciertamente, según la teoría de su redacción más temprana desde Efeso, parece improbable que las dos Epístolas a los Corintios, tan diferentes, se interpusieran entre aquéllas tan semejantes como lo son las Epístolas a los Gálatas y a los Romanos; o que la Epístola a los Gálatas se interpusiera entre la Segunda a los Tesalonicenses y la Primera a los Corintios. La decisión entre las dos teorías descansa en las palabras "tan pronto". Si éstas no son consideradas inconsecuentes, con poco más de tres años que hubieran transcurrido desde su segunda visita a Galacia, el argumento de la semejanza a la Epístola a los Romanos me parece terminante. Esta Epístola a los Gálatas parece que fué escrita por la urgencia de la ocasión, ya que le habían llegado noticias en Corinto desde Efeso de la judaización de muchos de sus convertidos gálatas, y a fin de mantener los grandes principios de la libertad cristiana y la justificación por la fe solamente. La Epístola a los Romanos es una exposición más deliberada y sistemática de las verdades centrales de la teología, redactadas subsiguientemente al escribir a una iglesia con la cual él no estaba personalmente relacionado. Véase nota, cap. 1:6, por el punto de vista de Birk. Paley (Horae Paulinae) hace notar cuán perfectamente está adaptada la dirección del argumento a las circunstancias históricas bajo las cuales se escribió la Epístola. Es así como a los Gálatas, quienes pertenecían a iglesias que Pablo había fundado, les habla con autoridad; a los Romanos, de quienes no era personalmente conocido, les habla enteramente por medio de argumentos.
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Cartas Paulinas Efesios


LA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS EFESIOS
INTRODUCCION
Los encabezamientos (cap. 1:1 y cap. 3:1), nos indican que esta Epístola profesa ser de Pablo. Esta opinión es confirmada por los testimonios de Ireneo, Hereses 5:2, 3, y 1:8, 5; Clemente de Alejandría, Strómata, 4, sec. 65, y Ped. 1, sec. 8; Orígenes, adv. Celsum, 4:211. Es citada por Valentino (año 120) en el cap. 3:14-18, como sabemos por Hipólito, Refutación de Herejes, p. 193. Policarpo, Ep. Phillipp., en el cap. 12, testifica su canonicidad. Así también Tertuliano, adv. Marción 5:17. Ignacio, en Efesios 12, se refiere a la mención frecuente y cariñosa que hace Pablo en su Epístola, de los cristianos de Efeso, sus personas y sus privilegios.
Se han mantenido dos teorías, además de la teoría usual, con respecto a quiénes fué dirigida la Epístola. Grocio, opinando como el hereje Marcion, sostiene que fué dirigida a la Iglesia de Laodicea, y que es la Epístola a la cual se refiere Pablo en Col_4:16. Pero la Epístola a los Colosenses probablemente fué escrita antes que ésta a los Efesios, como parece por los pasajes paralelos que se hallan en Efesios y que tienen señales de haber sido ampliados de los de la Epístola a los Colosenses. Parece que Marción opinó así tocante a nuestra Epístola, por una alusión que hace Pablo (Col_4:16) a una Epístola dirigida por él a los laodicenses. Orígenes y Clemente de Alejandría, y aun Tertuliano, no están de acuerdo con la opinión de Marción. Ni un manuscrito contiene como encabezamiento, "a los santos que están en Laodicea". La misma semejanza de la Epístola a los Efesios a la de los Colosenses, está en contra de la teoría; porque si aquélla fuese realmente la dirigida a Laodicea (Col_4:16), Pablo no habría creído necesario que las iglesias de Colosas y Laodicea intercambiasen Epístolas. Los saludos, además (Col_4:15), que él envía por medio de los colosenses a los laodicenses, son del todo incompatibles con la idea de que Pablo escribiese una Epístola a los Laodicenses al mismo tiempo, y por el mismo portador, Tiquico (el portador de nuestra Epístola a los Efesios, como también de la a los Colosenses); porque ¿quién, bajo tales circunstancias, no enviaría los saludos directamente en la carta dirigida a las personas saludadas? La carta a los Laodicenses evidentemente fué escrita algún tiempo antes de la Epístola a los Colosenses. El arzobispo Usher ha presentado una segunda teoría: Que es una carta encíclica encabezada, como el manuscrito B, "a los santos que están … y a los fieles", siendo intercalado el nombre de cada iglesia en la copia a ella enviada; y que el hecho de que fué enviada primero a Efeso, dió ocasión a que fuese intitulada, como ahora, la Epístola a los Efesios. Alford hace las siguientes objeciones a esta teoría: (1) Está reñida con el espíritu de la Epístola, la cual claramente va dirigida a un solo conjunto de personas que viven en un mismo lugar, como un cuerpo, y bajo las mismas circunstancias. (2) La improbabilidad de que el apóstol, quien en dos de sus Epístolas (2 Corintios y Gálatas) tan claramente ha especificado su carácter encíclico, hubiera omitido aquí tal especificación. (3) Y la improbabilidad aún más grande de que, como esta teoría supone, hubiera escrito una Epístola circular a un distrito, del cual Efeso era la capital comercial, dirigida a varias iglesias dentro de aquel distrito, pero por el mismo contenido (así como por la hipótesis de los que son de opinión contraria) no permitiendo apicación alguna a la iglesia de aquella metrópoli, con la cual había pasado tan largo tiempo, y a la cual estaba ligado con tantos vínculos de cariño. (4) La inconsecuencia de esta hipótesis con la manera como está dirigida la Epístola, y el testimonio universal de la iglesia antigua. La ausencia de saludos personales no es un argumento a favor de ninguna de las dos teorías: porque igualmente no los hay en Gálatas, Filipenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo. Cuanto mejor conoce él a las personas a las cuales se dirige, y cuanto más general y solemne el tema, tanto menos parece enviar estos saludos individuales. Ya que escribe, como en el caso de nuestra presente Epístola, sobre la constitución y las perspectivas de la iglesia universal de Cristo, el apóstol refiere a los efesios a Tiquico para que él resuelva sus asuntos personales (cap. 6:21, 22). En cuanto a la omisión de la frase "que están en Efeso" (cap. 1:1) en el manuscrito B, también la frase "los que estáis en Roma" (Rom_1:7) se omite en algunos manuscritos antiguos. Esta frase fué probablemente omitida por las iglesias entre las cuales era leída, con el fin de generalizar la referencia de su contenido, y especialmente donde el tema de la Epístola era general. Las palabras se hallan en la margen del manuscrito B, de una primera mano; y se hallan en todos los manuscritos y versiones más antiguos.
La primera visita de Pablo a Efeso (sobre la costa marítima de Lidia, cerca del río Caístro) se relata en Act_18:19-21. La obra empezada mediante sus controversias con los judíos en su corta visita, fué continuada por Apolo (Act_18:24-26) y Aquila y Priscila (v. 26). En su segunda visita, después de su viaje a Jerusalén y de allí a las regiones orientales de Asia Menor, se quedó en Efeso "tres años" (Act_19:10, los "dos años" en tal versículo no son sino parte del tiempo, y Act_20:31); de modo que la fundación y desarrollo de la iglesia allí ocuparon una porción excepcionalmente larga del tiempo del apóstol; por esto su lenguaje en esta Epístola revela un calor de sentimiento, una libre expresión de pensamiento, y una unión en esperanza y privilegios espirituales (cap. 1:3, etc), como es natural de parte de uno, cuando ha estado asociado tan larga e íntimamente con personas a quienes se dirige. En su último viaje a Jerusalén, sin tocar en Efeso, llamó a los ancianos de la iglesia a encontrarse con él en Mileto, donde les dirigió su notable discurso de despedida (Act_20:18-35).
Nuestra Epístola fué dirigida a los efesios en la primera parte de su encarcelamiento en Roma, inmediatamente después de haber escrito la Epístola a los Colosenses. Las dos Epístolas muestran una estrecha semejanza en muchos pasajes, ya que el apóstol quería impartir en lo general las mismas grandes verdades al escribir a ambos. Es una prueba natural de su genuinidad, el hecho de que las dos Epístolas, escritas en la misma fecha y bajo circunstancias iguales, lleven una mutua semejanza, más íntima que aquellas escritas en fechas distantes y en ocasiones diferentes. Compárense cap. 1:7 con Col_1:14; cap. 1:10 con Col_1:20; cap. 3:2 con Col_1:25; cap. 5:19 con Col_3:16; cap. 6:22 con Col_4:8; cap. 1:19; 2:5 con Col_2:12-13; cap. 4:2-4 con Col_3:12-15; cap. 4:16 con Col_2:19; cap. 4:32 con Col_3:13; cap. 4:22-24 con Col_3:9-10; cap. 5:6-8 con Col_3:6-8; cap. 5:15, 16 con Col_4:5; cap. 6:19, 20 con Col_4:3-4; cap. 5:22-33; 6:1-9 con Col_3:18; cap. 4:24, 25 con Col_3:9; cap. 5:20-22 con Col_3:17-18. Tiquico y Onésimo estaban siendo enviados a Colosas, aquél llevando dos Epístolas a las dos iglesias respectivamente, y éste provisto de una carta para Filemón, su amo anterior, que residía en Colosas. La fecha de la carta fué probablemente como cuatro años después de su despedida de los ancianos efesios en Mileto (Hechos cap. 20), cerca del año 62, antes de que su encarcelamiento hubiese llegado a ser de la clase más severa, como aparece en su Epístola a los Filipenses. Según el cap. 6:19, 20, es claro que él tenía en aquel entonces, aunque preso, cierta libertad en predicar, lo que concuerda con Act_28:23, Act_28:30-31, donde él aparece como recibiendo en su alojamiento a todos los que querían conocer su doctrina. Su encarcelamiento empezó en febrero del año 61, y duró "dos años enteros" (Act_28:30), por lo menos, y tal vez más tiempo.
La iglesia de Efeso se componía en parte de convertidos judíos y en parte de convertidos gentiles (Act_19:8-10). Por consiguiente, la Epístola se dirige a una iglesia constituída (cap. 2:14-22). Efeso era célebre por el templo idolátrico de Artemis o Diana, el cual, después de ser destruído por fuego por Herostrato, en la noche que nació Alejandro el Grande (año 355 a. de C.), fué reedificado a un enorme costo, y fué una de las maravillas del mundo. Posiblemente de este hermoso templo surgieron las figuras de lenguaje que se hallan en esta Epístola, siendo la iglesia en su verdadera hermosura interior lo que el templo del idolo trató de realizar en la manifestación exterior (cap. 2:19-22). La Epístola (cap. 4:17; 5:1-13) da a entender el desenfreno que practicaban los paganos efesios, y por el cual eran notorios. Muchas de las mismas expresiones ocurren en la Epístola como en el discurso de Pablo a los ancianos efesios. Compárense los caps. 1:6, 7 y 2:7, en cuanto a la "gracia", con Act_20:24, Act_20:32. Esta bien puede llamarse "la Epístola de la gracia de Dios". [Alford]. Véase también, en cuanto a sus "prisiones", cap. 3:1 y 4:1 con Act_20:22-23. También el cap. 1:11, en cuanto al "consejo de Dios", con Act_20:27. También el cap. 1:14 en cuanto a "la redención de la posesión adquirida", con Act_20:28. También los caps. 1:14, 18; 2:20 y 5:5, en cuanto a "edificar" la "herencia", con Act_20:32.
El objeto de la Epístola es "presentar el fundamento, el curso, el propósito y el fin de la IGLESIA DE LOS FIELES EN CRISTO. El habla a los efesios como si fuesen un tipo o muestra de la iglesia universal". [Alford]. Es por esto que en toda la Epístola se habla de "la iglesia" en el singular, no en el plural. El tema de la Epístola es el fundamento de la iglesia, su curso y su fin, el cual es tratado igualmente en las divisiones mayores y menores de toda la Epístola. "En toda la Epístola el fundamento de la iglesia es la voluntad del Padre; el curso de la iglesia es la satisfacción del Hijo; y el fin de la iglesia es la vida del Espíritu Santo". [Alford]. Véanse respectivamente los caps. 1:11; 2:5; y 3:16. Habiendo sido presentado esto como asunto de doctrina (cerrándose esta parte con una doxología sublime, cap. 3:14-21), es hecho luego la base de exhortaciones prácticas. En éstas también (desde el cap. 4:1 en adelante) prevalece la misma división triple, porque la iglesia se presenta como fundada sobre el consejo de "Dios el Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas y en todos vosotros", edificada por "un Señor", Jesucristo, y por medio de "un Espíritu" (cap. 4:4-6, etc.), quienes dan sus gracias respectivas a los diferentes miembros. Por tanto éstos han de ejercer todas estas gracias en las distintas relaciones de la vida, como maridos, esposas, siervos, niños, etc. La conclusión es: que debemos ponernos "toda la armadura de Dios" (cap. 6:13).
La sublimidad del ESTILO y LENGUAJE corresponde con la sublimidad de los temas, y excede casi a la de cualquiera otra de sus Epístolas. Es muy justo que aquellos a quienes escribió, fuesen cristianos por largo tiempo fundados en la fe.

La misma sublimidad de la Epístola hace difícil su estilo y es por esto que contiene expresiones peculiares que no se hallan en otra parte.
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Cartas Paulinas Filipenses


LA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS FILIPENSES
INTRODUCCION
LA EVIDENCIA INTERNA de la autenticidad de esta Epíátola es fuerte. El estilo, la forma del pensamiento, y la doctrina, concuerdan con los de Pablo. Paley (Horae Paulinae, cap. 7.) cita la mención al propósito del viaje de Epafrodito a Roma, la contribución filipense para las necesidades del apóstol, la enfermedad de Epafrodito (1:7; 2:25-30; 4:10-18), el hecho de que Timoteo estuvo largo tiempo con Pablo en Filipos (1:1; 2:19), la referencia a su encarcelamiento en Roma ya de larga duración (1:12-14; 2:17-28), su voluntad de morir (cf. 1:23 con 2Co_5:8), la referencia al hecho de que los filipenses habían visto suultraje sufrido allí (2Co_1:29-30; 2Co_2:1-2.).
La EVIDENCIA EXTERNA es igualmente decisiva: Policarpo, ad Philippenses, sec. 3. y 11; Ireneo, Adversus Haereses, 4:18, sec. 4; Clemente de Alejandría, Paedagogus, 1. 1, pág. 107; La Epístola de las iglesias de Lyon y de Viena, en Eusebio, Historia Eclesiástica, 5.2; Tertuliano, Resurrectio carnis, c. 23; Orígenes, Celsus, 1:3, pág. 122; Cipriano, Testimonios contra los Judíos, 3.39.
Filipos era la primera (es decir, la más lejana de Roma, la primera a que Pablo llegó al entrar en Macedonia) ciudad de la región, llamada Macedonia Prima (así llamada por estar más al este). El vocablo griego no debe traducirse (Act_16:12) "la principal", como en la Versión Inglesa [Alford.] No ella, sino Tesalónica era la ciudad principal de la provincia, y Anfípolis lo era del distrito de Macedonia Prima. Era una "colonia" romana (Act_16:12), hecha colonia por Augusto para conmemorar su famosa victoria sobre Bruto y Casio. Una colonia era en efecto una porción de Roma misma trasladada a las provincias, un vástago de Roma, y así como si fuera un retrato de la ciudad madre en pequeña escala. [Aulius Gellius, 16. 13]. Sus habitantes eran ciudadanos romanos que tenían el derecho de votar en las tribus romanas, gobernados por su propio senado y magistrados, y no por el gobernador de la provincia, por la ley romana y con el idioma latino.
Pablo, con Silas y Timoteo, plantó el evangelio allí (Act_16:12), en su segundo viaje misionero, año 51 d. de C. Sin duda la visitó de nuevo en su viaje de Efeso a Macedonia (Act_20:1); y en Act_20:3, Act_20:6 se menciona expresamente su tercera visita a su retorno de Grecia (Corinto) para Siria por via de Macedonia. Sus padecimientos en Filipos (Act_16:19) afirmaron el vínculo de unión cristiano entre él y los convertidos filipenses, los que, como también él, estuvieron expuestos a pruebas por causa del evangelio (1Th_2:2). Ellos solos enviaron subsidios para sus necesidades temporales dos veces a poco de salir de ellos Pablo (1Th_4:15-16), y otra tercera vez un poco antes de la redacción de esta Epístola (1Th_4:10, 1Th_4:18; 2Co_11:9). Este ferviente apego por parte de ellos, acaso se debía en parte también al hecho de que había pocos judíos en Filipos para sembrar, como en otros campos de su labor, las semillas de desconfianza y de sospecha. No había allí sinagoga, sino solamente una proseucha judaica, oratorio o lugar de oración al lado del río. Solamente allí leemos de su reunión sin oposición alguna por parte de los judíos; la que hubo fué sólo por parte de los amos de la muchacha adivinadora, cuyas ganancias habían acabado con la liberación de la pobre endemoniada.
Aunque la iglesia de Filipos estaba aún libre de la influencia judaizante, sin embargo era menester que se le advirtiera de aquel peligro que en cualquier momento podía acosarle desde afuera (2Co_3:2), así como tales influencias maléficas se habían infiltrado en las iglesias gálatas. En el 4:2, 3 hallamos un vestigio de un dato histórico (Act_16:13-14), al efecto de que había mujeres convertidas entre los primeros en abrazar el evangelio en Filipos.
En cuanto al estado de la iglesia, colegimos de 2Co_8:1-2 que sus miembros eran pobres pero muy liberales; y de Phi_1:28-30, que estaban sobrellevando persecuciones. La única reprensión recordada tocante al carácter de ellos fué, de parte de algunos miembros, la tendencia a disensiones. Por tanto, la amonestación del apóstol sobre la disputa (Phi_1:27; Phi_2:1-4, Phi_2:12, 14; Phi_4:2).
El OBJETO de la Epístola es general: no sólo para agradecer a los filipenses el subsidio enviado por manos de Epafrodito, el que ahora volvía llevando esta carta, sino también para expresar su amor y simpatía cristianos, exhortarles a una vida consecuente con la de Cristo, y amonestarles respecto de las disensiones existentes y los posibles asaltos futuros de parte de los judaizantes de fuera. Es notable en esta Epístola sola, en comparación con las otras, que, en medio de muchas alabanzas, no se expresa censura alguna de los recipientes de la Epístola. Ningún error doctrinal, ni cisma había surgido; el único reproche sugerido es que algunos de la iglesia filipense carecían algo de la humildad de corazón, lo que resultaba en disputas. Dos mujeres, Euodias y Síntique, se mencionan como habiendo faltado en este respecto. La Epístola se puede dividir en tres partes: I. Palabras de afecto dirigidas a los filipenses; referencias a su propia condición de preso en Roma y a la de ellos, y a la misión que encarga a Epafrodito (1:1-2:23). Epafrodito probablemente tenía un puesto de importancia en la iglesia de Filipos, tal vez el de presbítero. Después que Tíquico y Onésimo hubieron salido de Roma (año 62 d. de C), llevando las Epístolas a los Efesios, a los Colosenses, y a Filemón, el apóstol fué fortalecido en sus prisiones por la llegada de Epafrodito con el subsidio filipense. Este fiel "hermano, y colaborador y compañero de milicia" (2:25), había contraído por las fatigas del viaje una enfermedad peligrosa (2:26, 30). Pero ya estando restablecido, "deseaba" (2:26) volver a su rebaño filipense y en persona aliviar la ansiedad que por él tenían con respecto a su enfermedad; y el apóstol con alegría se aprovechó de la oportunidad para enviar por él una carta de agradecido reconocimiento y de exhortaciones fraternales. II. Advertencias contra los propagandistas judaizantes, ilustradas por referencia a su actitud anterior y de entonces para con el legalismo judaico (3:1-21). III. Amonestaciones a individuos, y a la iglesia en general, agradeciéndoles el oportuno socorro; concluye con bendiciones y salutaciones.
Esta Epístola fué escrita desde Roma durante el encarcelamiento, cuyo comienzo se describe en Act_26:16, Act_26:20, Act_26:30-31. La referencia a "la casa de César" (Act_4:22), y al "palacio" (Act_1:13, griego praitórion, probablemente el cuartel de la guardia pretoriana, anexo al palacio de Nerón) lo confirma. Debió haber sido durante su primer encarcelamiento en Roma porque la mención del pretorio concuerda con el hecho de que fué entonces cuando estuvo en custodia del prefecto pretoriano, y su situación, descrita en 1:12-14, concuerda con su situación en los primeros dos años de su encarcelamiento (Act_28:30-31). Las siguientes consideraciones demuestran, también, que fué escrita hacia fines de aquel encarcelamiento: (1) En ella expresa su expectación de la inmediata determinación de su causa (Act_2:23). (2) Bastante tiempo había transcurrido para que los filipenses se enterasen de su encarcelamiento, le enviasen a Epafrodito y recibiesen noticia de su llegada y de su enfermedad, y volviesen a enviar a Roma expresión de su preocupación (Act_2:26). (3) Debe haber sido escrita después de las otras tres enviadas desde Roma (a saber, Efesios, Colosenses y Filemón), porque Lucas ya no está con él (Act_2:20), pues de otro modo hubiera sido nombrado en las salutaciones, como se le menciona como colaborador en Col_4:14; Phm_1:24. Otra vez, en Eph_6:19-20, su libertad de predicar es implícita; pero en 1:13-18 recalca sus prisiones e insinúa que no él, sino otros predicaban y hacían notorio su encarcelamiento. De nuevo en Phm_1:22, anticipa confiadamente su liberación, lo que contrasta con anticipaciones más pesimistas de esta Epístola. (4) Un lapso considerable había transcurrido desde el principio de su encarcelamiento, porque sus "prisiones habían sido célebres", muy divulgadas, y habían resultado en gran provecho del evangelio (1:13). (5) Se infiere que se había aumentado el rigor de su encarcelamiento, en comparación con los primeros tiempos descritos en Hechos 28; cf. 1:29, 30; 2:27. La historia nos da una clave probable que explica la causa de este aumento del rigor. En el segundo año de este encarcelamiento (año 62), Burro, prefecto pretoriano, a cuya custodia fué entregado Pablo (Act_28:16), murió; y Nerón, el emperador, habiéndose divorciado de Octavia y casádose con Popea, prosélita judía (la que luego hizo matar a su rival Octavia y profanó la cabeza de su víctima), ascendió a Tigelino, el principal promotor del casamiento y un monstruo de maldad, a la prefectura pretoriana. Parece que fué entonces que Pablo fué mudado de su casa hasta el pretorio o cuartel de la guardia pretoriana, apegado al palacio, para vigilancia más severa; y por tanto escribe con menos optimismo tocante al resultado de su juicio (Act_2:17; Act_3:11). Algunos de la guardia, que le habían custodiado antes, naturalmente darían a conocer sus "prisiones", de conformidad con el 1:13. Desde este cuerpo pequeño, la guardia del palacio, el rumor se extendería al campamento general y permanente de la pretoriana, que Tiberio había establecido al norte de la ciudad, fuera de los muros. Había llegado a Roma en febrero del año 61 d. de C.; los "dos años enteros en su propia casa de alquiler" terminaron en febrero del 63, de modo que la fecha de esta Epístola, escrita un poco después, evidentemente mientras el peligro era inminente, sería como de la primavera o del verano del mismo año 63. La providencia de Dios desvió el peligro. Probablemente se creía que era un caso indigno de la atención de Tigelino, que gustaba más bien ocuparse de las intrigas de la corte. La muerte del favorito de Nerón, Palas, hermano de Félix, ocurrido este mismo año, también hizo a un lado otra fuente de peligro.
El ESTILO es abrupto y desconectado, llevándole su fervor de afecto a pasar rápidamente de un tema a otro (2:18, 19-24. 25-30; 3:1, 2, 3, 4-14, 15). En ninguna otra Epístola emplea expresiones de amor tan calurosas. En el 4:1 parece que está confuso por falta de palabras que expresen el alcance y el ardor de su afecto por los filipenses: "Hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor". La mención de obispos y diáconos en el 1:1 se debe a la fecha tardía de la Epístola, cuando la iglesia ya hubo empezado a asumir aquel orden propuesto en las Epístolas Pastorales y que siguió siendo el orden prevaleciente en los primeros y más puros tiempos del cristianismo.





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Cartas Paulinas colosenses



LA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS COLOSENSES
INTRODUCCION
LA AUTENTICIDAD de esta Epístola es atestiguada por Justino Mártir, Contra Tryphonen, p. 311, b., quien cita "el primogénito de toda criatura", de cap. 1:15. Teófilo de Antioquía, a Autólico, 2. p. 100. Ireneo, 3. 14, 1, cita expresamente de esta "Epístola a los Colosenses" (cap. 4:14). Clemente de Alejandría, Strómata, 1. p. 325, cita cap. 1:28; también en otra parte cita cap. 1:9-11, 28; 2:2, etc.; 2:8; 3:12, 14; 4:2, 3, etc. Tertuliano, De prescriptione hereticórum, cap. 7, cita cap. 2:8; y De Resurrectione carnis, cap. 23, cita cap. 2:12, 20, y cap. 3:1, 2. Orígenes, Contra Celsum, 5, 8, cita cap. 2:18, 19.
Colosas era ciudad de Frigia sobre el río Lico, ramo del Meandro. La iglesia se componía principalmente de gentiles (cap. 2:13). Alford infiere del cap. 2:1 (véase Nota, allí), que Pablo no había visto a sus miembros y que, por lo tanto, no había podido ser su fundador, como pensaba Teodoreto. Cap. 1:7; 8, sugiere la probabilidad de que Epafras fuera el primer fundador de la iglesia allí. La fecha de su fundación tuvo que ser subsiguiente a la visita de Pablo, "andando por orden la provincia de Galacia y Frigia, confirmando a todos los discípulos" (Act_18:23); porque de otra manera él habría tenido que visitar Colosas, lo que el cap. 2:1 da a entender que no había hecho. Si Pablo hubiera sido su padre en la fe, sin duda habría hecho alguna alusión al hecho, como en 1Co_3:6, 1Co_3:10; 1Co_4:15; 1Th_1:5; 1Th_2:1. Es sólo en las Epístolas a los Romanos y Efesios y en ésta, que faltan tales alusiones; en Romanos porque, como en esta iglesia de Colosas, él no había sido el instrumento en su conversión, y en Efesios, debido a la naturaleza general de la Epístola. Probablemente durante los "dos años" de la estada de Pablo en Efeso, cuando "todos los que habitaban en Asia oyeron la palabra del Señor Jesús" (Act_19:10, Act_19:26), convirtiéndose en Efeso Epafras, Filemón, Arquipo, Apfia (Phm_1:2, Phm_1:133, 19) y otros naturales de Colosas, fueron después los primeros sembradores de la simiente evangélica en su propia ciudad. Esto explicará su conocimiento personal y amistad con Pablo y sus colaboradores en el ministerio, y el lenguaje cariñoso de Pablo acerca de ellos y los saludos de ellos para él. Así también acerca de "los que están en Laodicea" (cap. 2:1).
El OBJETO de la Epístola es el de contrarrestar las falsas enseñanzas judías, presentando a los colosenses su verdadero carácter en Cristo solo (exclusive de todos los demás seres celestiales), la majestad de la persona de él, y la perfección de la redención obrada por él; por lo tanto, ellos deberían conformarse a su Señor resucitado, y manifestar aquella conformidad en todas las relaciones de la vida ordinaria. Cap. 2:16, eso de "nueva luna, sábados", indica que la enseñanza falsa combatida en esta Epístola es la de los cristianos judaizantes. Estos mezclaban con el cristianismo puro la teosofía oriental, el culto a los ángeles, y el ascetismo de ciertas sectas judías, especialmente de los esenios. Véase Josefo, Guerras Judías 2:8; 2:13. Estos teósofos prometían a sus discípulos una comprensión más profunda en el mundo de los espíritus y un acercamiento más íntimo a la pureza e inteligencia celestiales que el que proporcionaba el sencillo evangelio. Conybeare y Howson creen que había aparecido en Colosas algún judío alejandrino, imbuído de la filosofía griega de la escuela de Filón, con la cual combinaba la teosofía y el culto a los ángeles de los rabinos judíos, enseñanzas que más tarde fueron incorporadas en la cábala. Véase Josefo, Antigüedades, 12:3, 4, que nos dice que Alejandro el Grande había guarnecido las ciudades de Lidia y Frigia con 2000 judíos de Mesopotamia y de Babilonia en ocasión de una revuelta que amenazaba. Los frigios mismos tenían una tendencia mística en su culto a Cibeles, la cual les daba una tendencia a recibir más fácilmente el incipiente gnosticismo de los judaizantes, el cual más tarde se desarrolló en las herejías más extrañas. En las Epístolas Pastorales se habla del mal como que había llegado a una fase más terrible (1Ti_4:1-3; 1Ti_6:5), mientras que en esta Epístola Pablo no presenta ninguna acusación de inmoralidad, lo que es prueba de que esta Epístola era de una fecha más temprana.
El LUGAR desde donde fué escrita parece haber sido Roma, durante su primer encarcelamiento allí (Hechos 28). En mi Introducción a la Epístola a los Efesios, se mostró que fueron enviadas las tres Epístolas a los Efesios, los Colosenses y a Filemón al mismo tiempo, es decir, durante el tiempo de su encarcelamiento cuando gozaba de más libertad, antes de la muerte de Burro. Cap. 4:3, 4; Eph_6:19-20, dan a entender una libertad mayor que la que tenía cuando escribia a los filipenses, después del ascenso de Tigelino a Prefecto Pretoriano. Véase Introducción a Filipenses.
Esta Epístola, aunque fué llevada por el mismo portador, Tíquico, que llevó la carta a los Efesios, fué escrita antes que Efesios, porque muchas frases similares en ambas aparecen en forma más ampliada en la Epístola a los Efesios (véase también Nota, Eph_6:21). La Epístola a los Laodicenses (cap. 4:16) fué escrita antes de ésta a los colosenses, pero probablemente fué enviada por él a Laodicea al mismo tiempo con ésta a la iglesia de Colosas.
El ESTILO es peculiar: aparecen aquí muchas frases griegas, no halladas en otra parte. Véase cap. 2:8, "ninguno os engañe"; "sacólos a la vergüenza en público" (2:15); "os prive de vuestro premio" y "metiéndose" (2:18); "culto voluntario", o culto a la voluntad (2:23), "saciar la carne" (2:23); "torpes palabras" (cap. 3:8); "gobierne" (3:15); "consuelo" (cap. 4:11). La sublimidad y elaboración artificial de estilo corresponden con la naturaleza majestuosa de su tema, con la majestad de la persona y oficio de Cristo, en contraste con el sistema miserable de los judaizantes, la discusión del cual le fué impuesta por la controversia. De ahí proviene su uso de una fraseología inusitada. De la otra parte, en la Epístola a los Efesios, escrita después, en la cual el escritor no se hallaba estorbado por las exigencias de la controversia, habla más extensamente sobre las mismas verdades gloriosas, a él tan simpáticas, más libremente y sin controversia, en una efusión más abundante de su espíritu, con menos lenguaje elaborado y antitético de sistema, tal como hacía falta al aconsejar a los colosenses contra los errores particulares que los amenazaban. De ahí resulta la semejanza notable de muchas de las frases usadas en las dos Epístolas escritas casi en el mismo tiempo y en general en el mismo tenor de pensamiento espiritual; mientras que las frases peculiares en la Epístola a los Colosenses son tales como son naturales, considerándose el propósito de controversia de la Epístola.



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Cartas Paulinas I Tesalonicenses



LA PRIMERA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS TESALONICENCES
INTRODUCCION
La AUTENTICIDAD de esta Epístola es atestiguada por Ireneo, Adversus Hereses, 5:6, 1, que cita cap. 5:23; por Clemente de Alejandría, Pedagogus, 1. 88, que cita cap. 2:7; Tertuliano, De Resurrectione Carnis, sec. 24, que cita cap. 5:1; Cayo, en Historia Eclesiástica de Eusebio, 6:20; Orígenes, Contra Celsum, 3.
El OBJETO DE LA EPISTOLA—Tesalónica era en aquel entonces capital del segundo distrito romano de Macedonia (Livio, 45. 29). Estaba situada sobre la bahía de Therme y siempre ha sido y todavía es, bajo su nombre moderno de Salónica, lugar de considerable importancia. Después de su encarcelamiento y flagelación en Filipos, Pablo pasó (cap. 2:2) a Tesalónica; y con Silas (Act_17:1-9) y Timoteo (Act_16:3; Act_17:14, véase cap. 1:1; 3:1-6; 2Th_1:1), fundó allí la iglesia. Los judíos, como cuerpo unido, rechazaron el evangelio después que les fué predicado tres sábados seguidos (Act_17:2); pero algunos pocos "de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas, y de los griegos religiosos (es decir, prosélitos al judaísmo) grande multitud, y mujeres nobles no pocas". Los creyentes recibieron la palabra con gozo, a pesar de las pruebas y persecuciones (cap. 1:6; 2:13) de parte de sus propios conciudadanos y de los judíos (cap. 2:14-16). Su estada en Tesalónica sin duda no se limitó a las tres semanas en las cuales figuran los tres sábados mencionados en Act_17:2; porque el hecho de que trabajó allí con sus manos para su sostén (cap. 2:9; 2Th_3:8); que había recibido allí más de una vez socorros desde Filipos (Phi_4:16); que había hecho muchas conversiones de entre los gentiles (cap. 1:9; y como dos manuscritos más antiguos de Act_17:4, leen, "de los devotos y de los griegos una grande multitud"), y que había nombrado ministros,—todo da a entender una residencia más larga. Probablemente allí, como en Antioquía de Pisidia (Act_13:46), en Corinto (Act_18:6-7) y en Efeso (Act_19:8-9), habiendo predicado el evangelio a los judíos, cuando ellos lo rechazaron, él se dirigió a los gentiles. Desde entonces probablemente él celebró las reuniones cristianas en casa de Jasón (Act_17:5), tal vez el "pariente" de Pablo mencionado en Rom_16:21. Parece que el gran tema de su enseñanza en Tesalónica habría sido la futura venida y el reino de Cristo, como podemos inferir por el cap. 1:10; 2:12, 19; 3:13; 4:13-18; 5:1-11, 23, 24; y que ellos deberían caminar dignamente de ello (cap. 2:12; 4:1). Y es una coincidencia no calculada entre las dos Epístolas y Act_17:5, Act_17:9, que la misma acusación que presentaron contra él y los otros hermanos los atacantes de la casa de Jasón, fué: "Estos hacen contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús". Como en el caso del Señor Jesús mismo (Joh_18:33-37; Joh_19:12, véase Mat_26:64), ellos pervirtieron la doctrina del reino venidero de Cristo en motivo para la acusación de traición contra César. El resultado fué que Pablo y Silas se vieron obligados a huír bajo sombras de la noche hasta Berea; probablemente Timoteo ya había ido antes (Act_17:10, Act_17:14). Pero ya había sido establecida la iglesia, y nombrados los ministros; aún más, los creyentes tesalonicenses llegaron a ser misioneros ellos mismos, para lo cual poseían facilidades en el comercio extenso de su ciudad, y por palabra y por ejemplo estaban extendiendo el evangelio en Macedonia, Acaya y otros lugares (cap. 1:7, 8). Habiendo Pablo establecido en Berea una iglesia amante de las Escrituras, fué obligado a huír de allí por los judíos tesalonicenses que le siguieron allá. Timoteo (quien, según parece, había venido a Berea antes que Pablo y Silas, véase Act_17:10, con 14) y Silas todavía quedaban allí cuando Pablo siguió por mar hasta Atenas. Mientras estaba allí, más de una vez anhelaba visitar nuevamente a los tesalonicenses y "cumplir lo que falta a la fe de ellos" (cap. 3:10); mas "Satanás (probabemente valiéndose de los judíos tesalonicenses como sus instrumentos, Joh_13:27) le embarazó" (cap. 2:18; véase Act_17:13). El envió, pues, inmediatamente a Tesalónica (cap. 3:1) a Timoteo, quien según parece, le había seguido hasta Atenas desde Berea (Act_17:15); aunque habría estado muy contento de tener la ayuda de Timoteo en medio de las cavilaciones de sus contrincantes atenienses, sentía que debería renunciar a esta ayuda en beneficio de la iglesia tesalonicense. Parece que Silas no se juntó con Pablo en Atenas nunca, aunque Pablo deseaba que él y Timoteo "viniesen a él lo más presto" (Act_17:15); mas parece que Silas con Timoteo (quien desde Tesalónica fué a buscarle en Berea) se juntó con Pablo en Corinto; véase Act_18:1, Act_18:5, "Cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia". La Epístola no hace mención de Silas en Atenas, pero de Timoteo sí (cap. 3:1).
El informe de Timoteo acerca de la iglesia tesalonicense fué altamente favorable. Los creyentes abundaban en la fe y caridad, y correspondían al deseo de Pablo de verlos a ellos (cap. 3:6-10). Sin embargo, como nada hay perfecto en la tierra, había algunos defectos allí. Algunos miembros de la iglesia habían dado una importancia tan excesiva a la doctrina del reino venidero de Cristo, que descuidaban el cumplimiento razonable de sus obligaciones actuales (cap. 4:11, 12). Algunos que habían perdido parientes por fallecimiento, necesitaban consuelo y enseñanza en cuanto a sus dudas de si tendrían parte en el reino de Cristo los que muriesen antes de su venida, junto con los que estuvieran viviendo a su llegada. Además, también se habían cometido pecados contra la castidad y seriedad (cap. 5:5-7), como también contra la caridad (cap. 4:3-10; 5:13, 15). Había también síntomas en algunos de una falta de amor respetuoso y sumisión a sus ministros; otros trataban con desprecio las manifestaciones del Espíritu en los hermanos que poseían estos dones (cap. 5:19). El amonestar sobre estos asuntos y al mismo tiempo alabar lo que merecía alabanza, y atestiguar su amor para con ellos, fué el objeto de esta Epístola.
El LUGAR DE REDACCION fué, sin duda, Corinto, donde Silas y Timoteo se juntaron con él (Act_18:5), un poco después de que él mismo llegó allá (véase cap. 2:17) en el otoño del año 52 d. de J. C.
La FECHA DE LA REDACCION fué evidentemente un poco después de haber recibido de parte de Timoteo las noticias del estado de cosas en Tesalónica (cap. 3:6) en el invierno del año 52 o principios del 53. Pues fué escrita no mucho tiempo después de la conversión de los tesalonicenses (cap. 1:8, 9), mientras Pablo podía hablar de sí mismo como "privado de vosotros por un poco de tiempo" (cap. 2:17). De modo que esta Epístola fué la primera en fecha de todas las Epístolas existentes de Pablo. La Epístola está escrita en los nombres conjuntos de Pablo, Silas y Timoteo, los tres fundadores de la iglesia tesalonicense. La primera persona plural "nosotros" se usa siempre con excepción del cap. 2:18; 3:5; 5:27. El número plural ("queremos") es la verdadera lección, cap. 4:13, aunque algunas versiones tienen primera persona singular. La primera persona singular tampoco tiene apoyo del original en cap. 4:9, "que os escriba", y 5:1, 23. (Edmunds).
El ESTILO de la Epístola es sereno y uniforme, de acuerdo con el asunto tratado, vale decir, los deberes cristianos en general, dándose por sentadas las grandes verdades doctrinales que hasta entonces no eran disputadas. No había ningún error mortífero todavía que provocara sus más vehementes estallidos de sentimientos y argumentos apasionados. Sus primeras Epístolas, así como deberíamos esperar, son morales y prácticas. No fué sino hasta más tarde cuando surgieron los errores judaicos y legalistas que escribió aquellas Epístolas (es decir, Romanos y Gálatas), Epístolas que desarrollaron las doctrinas cardinales de la gracia y la justificación por la fe. Aún más tarde, las Epístolas escritas en su prisión romana confirman las mismas verdades. Las últimas de todas, las Epístolas Pastorales, están acomodadas a la constitución eclesiástica más desarrollada de las iglesias, dan recomendaciones en cuanto a obispos y diáconos, y corrigen abusos y errores de un crecimiento posterior.
La mayoría del elemento gentil en esta iglesia se ve por el hecho de que estas dos Epístolas están entre los muy pocos escritos de Pablo en los cuales no aparece ninguna cita del Antiguo Testamento.



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Cartas Paulinas II Tesalonicenses


LA SEGUNDA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS TESALONICENCES
INTRODUCCION
Su AUTENTICIDAD es atestiguada por Policarpo (Epístola ad Philippenses, sec. 11), quien se refiere a cap. 3:15. Justino Mártir (Diálogo con Tryphonen, p. 193. 32) alude a cap. 2:3. Ireneo (3. cap. 7, sec. 2) cita cap. 2:8. Clemente de Alejandría cita el cap. 3:2 como palabra de Pablo (Strómata, 1:5., p. 554; Pedagogus, 1:17). Tertuliano (De Resurrectione Carnis, cap. 24) cita cap. 2:1, 2, como parte de la Epístola de Pablo.
OBJETO.—Los informes de Tesalónica, después del envío de la Primera Epístola, representaban la fe y el amor de los cristianos allí como en aumento, y su firmeza en medio de persecuciones. Un error de doctrina, sin embargo, resultante en un mal práctico, se había suscitado entre ellos. La descripción por Pablo de la repentina segunda venida de Cristo (1Th_4:13, etc., y 5:2), y la posibilidad de que aconteciera en cualquier momento, los llevaron a creer que estaba realmente cerca. Algunos profesaban saber "por el Espíritu" (cap. 2:2) que era así; otros decían que Pablo se lo había dicho cuando estaba con ellos. Y también parece que circulaba entre ellos una carta, atribuída a Pablo, la cual apoyaba este error. (Que el cap. 2:2 se refiere a una tal carta espúrea más bien que a la Primera Epístola del apóstol, parece verosímil por su dicho, cap. 3:17, acerca de su saludo autográfico como seña por la cual ellos podrían conocer sus cartas genuinas). Por esto algunos dejaban sus negocios diarios y se echaban a la caridad de los demás hermanos, como si su único deber fuese esperar la venida del Señor. Fué necesario, pues, corregir este error, lo que forma el tema principal de la Segunda Epístola. En ella les dice el apóstol que (cap. 2), antes que venga el Señor, tendrá que haber primero una gran apostasía, y que tendrá que manifestarse el Hombre de Pecado; y que la venida repentina del Señor no es excusa para desatender sus asuntos diarios; que el hacerlo así sólo traería escándalo sobre la iglesia y era contrario a su manera de ser entre ellos (cap. 3:7-9), y que los fieles se retirasen de tales profesores desordenados (cap. 3:6, 10-15). De modo que hay tres divisiones en la Epístola: (1) Cap. 1:1-12. Alabanzas de la fe, amor y paciencia de los tesalonicenses, en medio de persecuciones. (2) Cap. 2:1-17. El error en cuanto a la venida inmediata de Cristo es corregido y se predice el previo levantamiento y caída del Hombre de Pecado. (3) Cap. 3:1-16. Exhortaciones a una conducta ordenada en toda su actividad, con oraciones por ellos al Dios de paz, seguido por su saludo autográfico y bendición.
La FECHA de la EPISTOLA.—Como la Epístola fué escrita en los nombres conjuntos de Timoteo y Silas, como también el de Pablo, y como éstos estaban con él en Corinto y no con él por mucho tiempo después de su salida de aquella ciudad (véase Act_18:18, con 19:22; en efecto, en cuanto a Silas, es dudoso que él estuviera con él posteriormente), resulta, pues, que el lugar de escribir debió ser Corinto, y la fecha, durante el "año y seis meses" de su estada allí, Act_18:11 (es decir, empezando con el otoño del año 52 d. de C. y terminando con la primavera del año 54), como seis meses después de su Primera Epístola, o a principios del año 53.
El ESTILO.—El estilo no es diferente del de la mayoría de los otros escritos de Pablo, con excepción de la porción profética de ella (cap. 2:1-12), la cual distingue a ésta de las otras en el tema tratado. Como es habitual en sus pasajes más solemnes (por ejemplo, en las porciones denunciatorias y proféticas de sus Epístolas, véase Col_2:8, Col_2:16, con el v. 3; 1Co_15:24-28, con vv. 8, 9; Rom_1:18, con vv. 8, 10), su dicción es más elevada, abrupta y elíptica. Así como la Primera Epístola se detiene más sobre el Segundo Advenimiento en su aspecto de gloria para los santos dormidos y los vivos (1 Tesalonicenses 4 y 5), así ésta hace énfasis especialmente en su aspecto de destrucción eterna para los malvados y para aquel que será la final consumación de maldad, el Hombre de Pecado. Tan lejos estaba Pablo de estar bajo una impresión errónea en cuanto a la venida temprana de Cristo cuando escribió su Primera Epístola (lo que le imputan los racionalistas), que él les había dicho distintamente, cuando estaba con ellos, las mismas verdades acerca de que había de suscitar primero la apostasía sobre las cuales ahora en esta su Segunda Epístola insiste (cap. 2:5). Ocurren entre las dos Epístolas varios puntos de coincidencia que confirman la autenticidad de la segunda. Así, véase 3:2, con 1Th_2:15-16; otra vez, cap. 2:9, el Hombre de Pecado, "cuyo advenimiento es según operación de Satanás", con 1Th_2:18; 1Th_3:5, donde aparece la obra incipiente de Satanás como el estorbo del evangelio y el tentador; otra vez, se recomienda una leve amonestación en 1Th_5:14; pero, en esta Segunda Epístola, cuando el mal ha empeorado, una disciplina más estricta (cap. 3:6, 14): "apartarse de" tales.
Probablemente Pablo visitó a Tesalónica más tarde en su viaje a Asia (Act_20:4), y de allí llevó consigo a Aristarco y Segundo, tesalonicenses: el primero vino a ser su "compañero de viaje" y compartió con él sus peligros en Efeso, como también los del naufragio, y fué su "compañero de prisiones" en Roma (Act_27:2; Col_4:10; Phm_1:24). Según una tradición, Aristarco vino a ser obispo de Apamea.


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